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Honduras en emergencia laboral: Las consecuencias del desempleo en una economía que no crece

Honduras enfrenta desafíos laborales profundos: informalidad, falta de beneficios sociales y desigualdad afectan a millones. Aunque el desempleo baja en cifras oficiales, la realidad del subempleo y la migración sugiere un panorama más crítico. Para transformar el mercado laboral, el país necesita reformas adaptadas a su realidad y un diálogo efectivo entre sectores.

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Por Carlos Castañeda Viñas

@CarlosAcerta

El mercado laboral en Honduras enfrenta desafíos estructurales que superan la visión del simple indicador de desempleo. Este rezago abarca la informalidad laboral, la falta de beneficios sociales, las deficientes condiciones en ciertos sectores productivos, la desventaja de las mujeres trabajadoras y las barreras para la inclusión efectiva, las que afectan a 2.3 millones de hondureños, además del desarrollo económico y social. 

Esta es la cara más dura de un país estancado. El desempleo y subempleo no solo atacan al bolsillo, sino también la autoestima y al entorno familiar de quien está sin trabajo. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadísticas, en sus escuetas cifras de país, indica que el desempleo disminuyó, pero no se ve un aumento de personas ocupadas según datos del COHEP, por lo que la mejora de este indicador, quizás, se deba a la migración. 

Si bien la tasa de desempleo oficial es de 6.5% (250 mil personas), la problemática se aprecia en la subocupación, donde 1.9 millones de compatriotas perciben ingresos inferiores al mínimo. Los jóvenes son los más golpeados, ya que cerca de 900 mil enfrentan problemas de empleo. 

Estos datos que expone el Gobierno permiten apreciar que las variables oficiales generan una distorsión que dificulta evaluar con fiabilidad cómo está evolucionando la creación de empleo en el país.

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El Gobierno debería enfocarse en la tasa de desocupación, más que en el desempleo, porque exhibe la emergencia laboral por la que atraviesa Honduras, develando que la vorágine de políticas y programas que tratan de responder a cómo generar empleo solo producen resultados vacuos a la fecha.

La economía, que según las proyecciones del Banco Central de Honduras crecerá 3.5% en 2024, es una de las razones de la baja generación de empleos. Además, esta tasa de crecimiento no alcanza para cerrar las brechas laborales, incluso podrían aumentar porque existen más personas que se incorporan al mercado del trabajo. 

El escenario futuro tampoco es alentador por la inseguridad jurídica, falta de incentivos para la inversión extranjera y cierre de empresas.

El avance tecnológico es otra amenaza latente, pues los desarrollos crean menos oportunidades para trabajadores poco calificados, que es la tónica de egresados que sacan las universidades y centros de formación técnica. La falta de una educación que responda a las necesidades del mercado laboral es una situación que debe discutirse en el país.

Asimismo, el trabajo infantil sigue siendo una realidad que impacta a más de medio millón de menores en Honduras. Este fenómeno impulsado por la pobreza y la falta de acceso a educación de calidad, constituye una de las violaciones más graves de los derechos de la niñez. Los menores no solo quedan fuera de las oportunidades, sino que sufren impactos negativos a largo plazo en su desarrollo personal.

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En este escenario donde los derroteros siguen siendo los mismos hace décadas, Honduras tiene una oportunidad para transformar su mercado laboral en uno inclusivo, justo y accesible.  

Intentos como la Política Nacional de Empleo, impulsado por la Unión Europea y la Secretaría del Trabajo y Seguridad Social a través del proyecto EuroEmpleo, pueden ser alternativas que se aprovechen para reducir la brecha en la tasa de participación de mujeres, de jóvenes y en la reducción del trabajo infantil.

Sin embargo, las reformas deben responder a la realidad del país, sino las propuestas de mejores condiciones laborales, reducción de la informalidad y garantías de los derechos serán insostenibles para la micro y pequeña empresa, quienes compiten bajo las mismas condiciones que la gran empresa por la falta de políticas diferenciadas que fomenten su desarrollo.

La necesidad de un diálogo sincero entre los sectores público y privado, bajo la lógica de una verdadera voluntad de cambio que busque mejorar la calidad de vida de toda la ciudadanía, es necesaria. Aunque esto parece más un sueño porque durante el año 2024 se han llevado en dimes y diretes que los alejan de acuerdos que respondan a su corresponsabilidad de generar mayor bienestar.

Debemos tener presente que la inclusión laboral efectiva y la justicia en las condiciones de trabajo no solo representan una meta deseable para el desarrollo de los hondureños, sino una necesidad urgente para lograr un país del cual podamos sentirnos orgullosos.

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